El 2-1 en el Bernabéu estuvo marcado por decisiones arbitrales discutidas y por un equipo blanco que volvió a mostrar dependencia de Vinicius y Mbappé, sin una idea futbolística clara
El Real Madrid derrotó 2-1 al Rayo Vallecano en la jornada 22 de LaLiga, pero el resultado dejó más interrogantes que certezas. Lejos de exhibir el dominio que se espera de un gigante europeo, el conjunto merengue volvió a mostrar un fútbol irregular, sostenido casi exclusivamente por chispazos individuales de Vinicius Jr. y Kylian Mbappé.
Mientras el marcador favoreció a los locales, la sensación general fue distinta: el Rayo compitió con personalidad y terminó condicionado por decisiones arbitrales que desataron indignación.
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El malestar del Rayo: “este equipo merece respeto”
Uno de los protagonistas de la noche, Pep Chavarría, expulsado en el encuentro, expresó su frustración en redes sociales con un mensaje directo:
“Hoy es de los días más tristes que me voy de un campo. Este equipo merece respeto. Seguiremos luchando contra todo y contra todos. Dios es justo y lo ve todo”.
Las palabras del lateral reflejan el sentir de un vestuario que considera que el partido se les fue de las manos por factores externos más que por méritos deportivos del rival.
Decisiones arbitrales que inclinaron la balanza
La expulsión de Pathé Ciss por una entrada sobre Dani Ceballos y el penalti señalado a Nobel Mendy tras una acción con Brahim Díaz fueron los momentos que cambiaron el guion. Para muchos, jugadas interpretables que terminaron beneficiando al equipo grande, como ha ocurrido en otras noches del Bernabéu.
El técnico rayista, Íñigo Pérez, prefirió no incendiar la rueda de prensa, aunque dejó frases que evidencian su inconformidad:
“Once contra once hemos sido superiores. Nos ha faltado determinación en los metros finales, pero la realidad es que se ha perdido”
Un Madrid sin identidad
Más allá de la polémica, el partido volvió a desnudar las carencias del Real Madrid. El equipo de Ancelotti no mostró ni solidez defensiva ni un plan ofensivo reconocible. Durante largos tramos del segundo tiempo, los blancos parecieron más interesados en provocar faltas dentro del área que en construir fútbol.
La sensación es clara: sin la velocidad de Vinicius o la pegada de Mbappé, el Madrid se queda sin ideas. No hay circuitos colectivos, no hay presión coordinada y tampoco un bloque que imponga respeto. Para un club de su historia, la imagen resulta preocupante.
Un Rayo con más argumentos
Paradójicamente, el Rayo Vallecano ofreció mejores sensaciones colectivas. Con menos nombres y presupuesto, el equipo visitante mostró orden, valentía y una propuesta reconocible. Solo las expulsiones y el penalti terminaron por desarmar un plan que estaba incomodando seriamente al campeón. Íñigo Pérez lo resumió sin rodeos:
Entiendo que impone la camiseta del Madrid en esos metros finales, pero en el resto hemos sido superiores
El Real Madrid sumó tres puntos, pero el debate queda abierto. Un grande no puede vivir de individualidades ni de decisiones dudosas. La afición exige un equipo con estilo, no un gigante que espera el error rival o la intervención del VAR.
Mientras tanto, el Rayo se fue con la cabeza alta y la sensación de haber competido contra algo más que once jugadores.
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