La victoria blanca quedó eclipsada por dos decisiones arbitrales a favor de Vinícius Jr., que reabren el debate sobre simulaciones y la inacción del VAR
El 4-1 del Real Madrid sobre la Real Sociedad en el Santiago Bernabéu puede lucir contundente en el papel, pero el desarrollo del encuentro dejó una sensación muy distinta. El partido estuvo atravesado por dos decisiones arbitrales que no solo alteraron el marcador, sino que condicionaron por completo el rumbo competitivo del duelo.
El nombre propio de la noche fue, otra vez, Vinícius Júnior. No por una exhibición futbolística memorable, sino por dos acciones dentro del área que terminaron en penales altamente discutidos.
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Primer penal: premio exagerado en un momento incómodo
Con el marcador 1-1 y una Real Sociedad firme, el árbitro señaló penal tras una acción entre Jon Aramburu y Vinícius. El contacto, leve y discutible, derivó en una caída inmediata del brasileño.
Las protestas del conjunto visitante fueron contundentes: consideraron que la jugada no cumplía con el estándar de falta clara para sancionar una pena máxima en la élite. Aun así, no hubo revisión en el monitor. Vinícius convirtió el 2-1 y cambió el pulso emocional del partido.
La sensación fue clara: cuando el encuentro se le complicaba al Madrid, apareció una decisión que lo rescató.
Segunda acción: más que duda, sospecha
Si la primera decisión fue rigurosa, la segunda directamente encendió las alarmas. Apenas iniciado el segundo tiempo, Vinícius volvió a caer en el área ante la marca de Aramburu. Las repeticiones mostraron un movimiento del delantero que parece anticipar la caída antes de un contacto evidente.
La imagen dejó una impresión incómoda: más que derribado, el atacante pareció buscar la infracción. Aun así, el penal fue sancionado sin que el VAR invitara al árbitro a revisar la jugada en el monitor.
El 4-1 llegó desde los once metros y con él la sentencia definitiva de un partido que hasta entonces había sido competitivo.
¿Talento o recurso recurrente?
Vinícius Jr. es uno de los futbolistas más desequilibrantes del fútbol europeo, pero su reiterada tendencia a exagerar contactos dentro del área empieza a generar un debate inevitable. Cuando la caída precede al contacto, la frontera entre picardía y simulación se vuelve demasiado fina.
El problema no es solo la actitud del jugador, sino el mensaje que se envía cuando estas acciones no son revisadas ni corregidas. El VAR fue concebido para evitar errores manifiestos; su silencio en jugadas tan polémicas alimenta la percepción de trato desigual.
Una victoria con asterisco
El resultado quedará en las estadísticas, pero la noche deja una sombra evidente. Más que una demostración de superioridad, el 4-1 será recordado por dos decisiones que inclinaron la balanza cuando el partido estaba abierto.
El fútbol español vuelve a enfrentarse a una discusión recurrente: ¿se protege el espectáculo o se protege al poderoso? Mientras no haya criterios uniformes y revisiones transparentes, cada caída dudosa seguirá teniendo el mismo efecto devastador: erosionar la credibilidad de la competición.
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