Máximo Noriega, candidato al Senado por el Frente Amplio, analiza cómo el salario vital digno no solo impacta a los trabajadores, sino que fortalece la economía, la niñez y el tejido productivo del país
El debate sobre el salario vital digno ha dejado de ser únicamente una discusión laboral para convertirse en un asunto estructural de desarrollo económico y justicia social. Así lo plantea Máximo Noriega, candidato al Senado de la República por el Frente Amplio, quien sostiene que garantizar mayores ingresos a las familias trabajadoras genera beneficios que se expanden a toda la economía.
Para Máximo Noriega, cuando los hogares cuentan con más recursos disponibles, el consumo interno se dinamiza de manera inmediata. “Más dinero en los bolsillos significa más compras en los comercios locales, más servicios contratados y más movimiento económico”, explica. Este efecto directo favorece especialmente a emprendedores, pequeños negocios y empresarios, que ven crecer sus ventas y su capacidad de sostener empleo.
El impacto directo en la niñez y la educación
El análisis del candidato también pone el foco en una de las consecuencias más sensibles del salario digno: el bienestar de la infancia. Con mayores ingresos familiares, se mejora la alimentación de niñas y niños, lo que incide directamente en la reducción de la desnutrición y en mejores condiciones para el aprendizaje.
Noriega subraya que una nutrición adecuada se traduce en mejor rendimiento escolar, mayor concentración y menores brechas educativas. En este sentido, el salario vital digno no es solo una medida económica, sino una política preventiva en salud y educación que reduce desigualdades desde la base social.
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Un enfoque que beneficia a toda la sociedad
Desde la visión del Frente Amplio, el salario vital digno rompe con la idea de que mejorar los ingresos de los trabajadores perjudica al sector productivo. Por el contrario, Noriega insiste en que se trata de un círculo virtuoso: trabajadores con mayor capacidad de consumo fortalecen el mercado interno, impulsan la producción y generan estabilidad económica.
Este enfoque plantea que el crecimiento no debe depender únicamente de grandes capitales o mercados externos, sino de una economía interna sólida, sostenida por hogares con capacidad real de satisfacer sus necesidades básicas.
Salario digno, desarrollo y responsabilidad política
El planteamiento de Máximo Noriega introduce un elemento clave en el debate nacional: el salario vital digno como política integral de desarrollo. En un país marcado por la desigualdad y la precarización laboral, insistir en salarios que permitan vivir —y no solo sobrevivir— implica una redefinición del modelo económico.
Más allá de cifras, el análisis apunta a una verdad estructural: sin familias con ingresos suficientes, no hay consumo fuerte; sin consumo, no hay crecimiento sostenible; y sin crecimiento con equidad, se profundizan los conflictos sociales. En ese sentido, el salario vital digno se posiciona como una herramienta que articula economía, bienestar social y futuro para las nuevas generaciones.
Desde el Frente Amplio, esta postura busca instalar el tema salarial en el centro del debate político, no como una concesión, sino como una inversión estratégica para el país.
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