El presidente defendió la universalidad del arte, alertó sobre la relación entre guerra e ignorancia y propuso una producción masiva de libros como acto de paz
Durante el lanzamiento de una iniciativa editorial del Fondo de Cultura Económica (FCE), orientada a acercar la literatura latinoamericana a jóvenes entre los 15 y los 30 años mediante la entrega de 2,5 millones de libros en América Latina, el presidente Gustavo Petro ofreció una reflexión profunda sobre el papel del arte y la lectura en la construcción de sociedades más justas.
El mandatario sostuvo que toda obra literaria auténtica tiene un carácter universal, no por desligarse de su contexto, sino precisamente por su capacidad de interpretar lo local y transformarlo en una experiencia humana compartida. En sus palabras, el arte nace del alma popular, de un momento histórico concreto, pero logra hablarle a cualquier corazón en el mundo. Para Petro, esa capacidad solo es posible desde la sensibilidad: un valor que, según dijo, es incompatible con la indiferencia y la violencia.
Arte, tecnología y nuevas formas de narrar el mundo
En su intervención, el jefe de Estado también destacó la relación histórica entre arte y tecnología, señalando que las expresiones artísticas se transforman a medida que cambian los soportes y los lenguajes. El libro, afirmó, es una forma de arte particularmente poderosa porque puede mutar y dialogar con otras expresiones como el cine, el teatro o la pintura.
Como ejemplo, citó Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, una obra literaria que trascendió el papel para convertirse en una experiencia audiovisual capaz de conectar generaciones y culturas. Para Petro, este tránsito confirma que la lectura sigue siendo una puerta de entrada privilegiada a la imaginación y a la memoria colectiva.
Violencia y silencio cultural: una relación histórica
Uno de los momentos más críticos de su discurso fue el análisis del vínculo entre violencia y atraso educativo en Colombia. El presidente recordó que la historia cultural del país ha sido interrumpida “a sangre y fuego” y que los periodos de mayor violencia han coincidido con los niveles más bajos de escolaridad.
Citó datos históricos que revelan que, durante la violencia desatada tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el 80 % de la población no había terminado la primaria. Para Petro, esta cifra no es casual: cuando la cultura retrocede y la lectura se silencia, la muerte avanza. En esa línea, señaló que el Estado colombiano, desde su nacimiento republicano, falló durante más de un siglo en educar a su población, una deuda que explica muchas de las fracturas actuales del país.
Educación pública, progresismo y prevención del genocidio
El mandatario defendió el aumento histórico del presupuesto en educación pública como un acto profundamente político. Aseguró que no existe un progresismo real que no esté sustentado en la razón colectiva y en el acceso al conocimiento.
Desde su perspectiva, una sociedad educada es una sociedad más segura, menos vulnerable a la barbarie y al exterminio. La educación, insistió, no es solo una política social, sino una estrategia de prevención de la violencia estructural que ha marcado a Colombia durante décadas.
La Imprenta Nacional y una apuesta por millones de libros
En un llamado directo a la acción, Petro cuestionó el rol actual de la Imprenta Nacional, señalando que cuenta con recursos que no se están utilizando para producir libros a gran escala. Propuso la compra de maquinaria moderna que permita imprimir millones de ejemplares y pidió al Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes liderar esta transformación.
Como prioridad, planteó la impresión masiva de la cartilla de la Comisión de la Verdad, un documento que recoge la historia del conflicto armado y que, según el presidente, debe ser leído por niños, niñas, jóvenes y también por integrantes de la Fuerza Pública. Recordó que desde el 9 de abril de 1948 Colombia ha acumulado cerca de 700 mil personas asesinadas, una tragedia que no puede seguir siendo ignorada ni silenciada.
Libros, memoria y paz como política de Estado
El discurso del presidente Petro va más allá de una defensa retórica de la cultura. Propone una estrategia de Estado donde el libro se convierte en herramienta de reconciliación, memoria y prevención de nuevas violencias. Al plantear la distribución masiva de textos históricos y literarios, el Gobierno apuesta por una pedagogía de la verdad que confronte el olvido y la repetición del horror.
La idea de unir “el libro y la fuerza pública”, como expresó el mandatario, apunta a resignificar el poder: no solo como capacidad de coerción, sino como capacidad de educar y transformar. En ese sentido, la cultura deja de ser un asunto marginal y se instala en el centro del proyecto político: leer para entendernos, entendernos para no matarnos.
Para Petro, cerrar su mandato con millones de libros circulando por el país no sería un gesto simbólico, sino un acto concreto de paz, una apuesta por una niñez capaz de interpretar su historia y, a partir de ella, construir un país distinto.
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