Diálogos multiactor impulsados por la FAO y el proyecto ScaleWat posicionan al país en la discusión internacional sobre reglas justas, acceso equitativo y sostenibilidad del agua frente a la crisis climática
El agua está presente en los actos más simples de la vida diaria, pero su gestión define cuestiones estructurales como la salud pública, la producción de alimentos, la estabilidad territorial y la convivencia social. Detrás de cada vaso de agua hay decisiones políticas fundamentales: quién accede, para qué se usa, bajo qué reglas y con qué mecanismos de control.
En 2025, Colombia avanzó en esta discusión a través de un ciclo de diálogos multiactor que aportaron insumos clave al borrador de los Principios para la Gobernanza Responsable de la Tenencia del Agua, una iniciativa impulsada por la FAO en el marco del proyecto ScaleWat: Agua, Vida y Gobernanza, con apoyo del Gobierno de Alemania y en articulación con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.
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Gobernar el agua: reglas claras para un contexto de crisis climática
Para la FAO, hablar de gobernanza del agua no es un ejercicio teórico. Se trata de establecer reglas claras y decisiones verificables que permitan reducir inequidades y prevenir conflictos, especialmente en un escenario donde el cambio climático intensifica sequías, inundaciones y disputas por el recurso.
“Gobernanza y tenencia del agua es tener reglas claras y decisiones justas: quién accede, para qué y bajo qué condiciones”, señaló Benjamin Kiersch, especialista senior en recursos hídricos de la FAO y coordinador global de ScaleWat. La apuesta, explicó, es traducir estos principios en acciones concretas y medibles.
Un recurso estratégico para la seguridad alimentaria
El debate sobre el agua está íntimamente ligado a la producción de alimentos. La agricultura, la pesca y las actividades rurales dependen de su disponibilidad y calidad. Según estimaciones de UN-Water, cerca del 72 % de las extracciones mundiales de agua dulce se destinan a la agricultura, mientras que la FAO advierte que la producción agrícola deberá crecer alrededor de un 50 % hacia 2050 para responder a la demanda global.
Sin reglas claras, datos confiables y acuerdos entre actores, esta presión adicional puede profundizar desigualdades territoriales, encarecer los alimentos y detonar conflictos sociales.
Una urgencia global que también golpea a Colombia
La crisis del agua no es ajena al contexto internacional. De acuerdo con el Programa Conjunto de Monitoreo de la OMS y UNICEF, en 2024 más de 2.100 millones de personas carecían de servicios de agua potable gestionados de forma segura y 3.400 millones no contaban con saneamiento adecuado.
En Colombia, aunque el 89 % de los hogares reporta acceso a acueducto, las brechas urbano-rurales siguen siendo profundas. Datos oficiales muestran que solo el 56 % de los municipios suministra agua apta para consumo humano en zonas urbanas, cifra que cae a un alarmante 9,7 % en áreas rurales. El problema ya no es solo de cobertura, sino de calidad, continuidad y justicia territorial.
Cuatro diálogos, un mismo consenso: pasar del discurso a la acción
Durante 2025, ScaleWat recogió aportes desde cuatro espacios clave: un diálogo nacional, el sector privado, la academia y el Consejo Nacional del Agua. El consenso fue claro: sin datos abiertos, coordinación institucional y participación real, la gobernanza del agua no se traduce en mejoras concretas.
Los diálogos destacaron la necesidad de:
| Reducir brechas urbano-rurales. |
| Reconocer arreglos consuetudinarios de pueblos indígenas y comunidades afrodescendientes. |
| Fortalecer a los prestadores comunitarios. |
| Garantizar balances hídricos transparentes. |
| Priorizar la protección de ecosistemas estratégicos. |
Para María Alejandra Chaux, coordinadora de ScaleWat en Colombia, el reto es convertir principios en decisiones trazables que prevengan conflictos y respondan a la variabilidad climática.
Del debate nacional a la agenda internacional
Los insumos recogidos en Colombia alimentarán el Diálogo Global sobre la Tenencia del Agua, previsto para 2026, y se articulan con la agenda regional y mundial hacia la Conferencia de las Naciones Unidas por el Agua, que se realizará en diciembre de ese año.
Colombia, así, no solo participa del debate, sino que aporta una lectura desde un país biodiverso, marcado por profundas desigualdades territoriales y por una crisis climática que ya se siente en la vida cotidiana de millones de personas.
Gobernar el agua es decidir el futuro
La discusión sobre la tenencia y gobernanza del agua no es técnica ni neutral: es profundamente política. Definir reglas claras sobre el acceso y uso del agua implica decidir qué territorios se priorizan, qué modelos productivos se sostienen y qué derechos se garantizan.
En un país donde el agua abunda en los mapas pero escasea en la realidad rural, avanzar hacia una gobernanza responsable es una condición básica para la justicia social, la seguridad alimentaria y la paz territorial. El desafío ahora es que estos principios no queden en documentos internacionales, sino que se traduzcan en políticas públicas exigibles y en decisiones que pongan la vida —humana y ambiental— en el centro.
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