Un día un docente anunció la frase: “La política y la ciencia son enemigas porque evidencian la verdad”. En ese sentido, el presidente Abelardo de la Espriella parece buscar gobernar con una ciencia acomodada, orientada a criticar de forma sistemática al expresidente Gustavo Petro Urrego. Este episodio podría revelar una presunta manipulación de los datos estadísticos que, en lugar de ocultar, debería servir para mostrar con rigor la realidad de los territorios y para contrarrestar la hegemonía de ciertos relatos mediáticos.
El 31 de agosto de 2026, Ricardo Valencia —quien había tomado posesión como director del DANE hacia el 19 o 20 de ese mismo mes— ofreció su primera rueda de prensa al frente de la entidad. En ella dio a conocer la tasa de desempleo de julio de 2026, que se ubicó en 8,1 %, la más baja registrada para ese mes en la historia de la serie.
Durante la misma presentación, Valencia señaló de manera explícita que no se había detectado ninguna anomalía en el cálculo de los indicadores del mercado laboral correspondientes a ese periodo, el último mes completo de la administración de Gustavo Petro. Lo que significó para De La Espriella un pecado capital en su llamada Patria Milagro, una que saca a una persona por sus conocimientos.
El milagro de acabar la verdad que revela las ciencias y le da inicio a la «conveniencia de datos»
El miedo comienza cuando recordamos dos antecedentes importantes: la crisis de la deuda en Grecia, conocida como el caso de las Greek Statistics (2000-2009), y la manipulación del INDEC (2007-2015), ocurridas en gobiernos de derecha e izquierda, respectivamente.
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Greek Statistics: un maquillaje griego y un modelo que pasó factura
Durante años, distintos gobiernos griegos reportaron déficits y deuda por debajo de la realidad para cumplir las reglas fiscales de Maastricht. Eurostat venía expresando serias reservas sobre esas cifras.
El estallido llegó en 2009. Tras el cambio de gobierno, el déficit previsto pasó del 3,7 % al 12,5 % del PIB y posteriormente Eurostat lo situó en 15,4 %. Grecia perdió el acceso a los mercados y en 2010 tuvo que acudir a un rescate de 110.000 millones de euros.
Ese mismo año nació ELSTAT, organismo estadístico independiente, y su presidente, Andreas Georgiou, aplicó las normas europeas y corrigió las cuentas. Se incorporaron empresas públicas deficitarias, se corrigieron datos de seguridad social, gobiernos locales y operaciones financieras.
Pero la transparencia tuvo un costo. Georgiou fue investigado y procesado durante años bajo acusaciones de haber “inflado” artificialmente el déficit. Aunque fue absuelto varias veces de la acusación más grave de falsificación, en 2017 recibió una condena en suspenso por “violación del deber” relacionada con el procedimiento utilizado para comunicar las cifras.
Organizaciones estadísticas internacionales defendieron su actuación y denunciaron que el caso amenazaba la independencia de las estadísticas oficiales.
Mientras tanto, las cifras corregidas sirvieron como base para los rescates y las duras medidas de austeridad que siguieron. Grecia atravesó una crisis económica histórica: el PIB cayó cerca de 25 % y el desempleo superó el 27 %. La lección es sencilla: puedes maquillar las cifras durante un tiempo, pero la realidad económica siempre termina pasando la factura.
Argentina: lo qué pasa si las estadísticas están al servicio de la falacia
Entre 2007 y 2015, el INDEC argentino sufrió una intervención política que afectó principalmente las cifras de inflación, pero también indicadores como pobreza, PIB y desempleo.
El episodio comenzó en enero de 2007, cuando el equipo técnico del organismo calculaba una inflación cercana al 2,1 %, pero terminó publicándose oficialmente 1,1 %. La directora de Precios, Graciela Bevacqua, fue desplazada después de resistirse a modificar el cálculo.
A partir de entonces, según investigaciones y testimonios, se produjeron cambios en la metodología, ponderaciones y relevamiento de precios, además de presiones sobre trabajadores y consultoras privadas que cuestionaban las cifras oficiales.
El resultado fue una creciente brecha entre los datos del INDEC y las estimaciones independientes. La manipulación del IPC también afectó la medición de pobreza, salarios reales, crecimiento económico y bonos indexados a la inflación.
En 2013, el FMI sancionó formalmente a Argentina por la falta de confiabilidad de sus estadísticas de inflación.
La intervención provocó una fuerte pérdida de credibilidad del organismo y el desplazamiento de numerosos técnicos. Finalmente, en 2016, el INDEC comenzó una etapa de normalización y publicó nuevas series estadísticas.
La lección vuelve a ser la misma: si un gobierno manipula el termómetro para mostrar que no hay fiebre, el problema no desaparece; simplemente se pierde la capacidad de saber qué tan enfermo está el país.
¿Desea Abelardo enfermar al país con cifras falsas como los casos anteriores?
Las cifras falsas pueden enfermar a un país. Distorsionan la correcta implementación de las políticas públicas, generan desconfianza en las instituciones y, cuando se convierten en una práctica para acomodar relatos o justificar determinadas narrativas, terminan produciendo un daño profundo en la sociedad.
Una medición deficiente, la manipulación o el ocultamiento de datos envían un mensaje equivocado a la opinión pública, especialmente cuando las cifras oficiales entran en contradicción con la realidad que experimentan los ciudadanos.
De todas las ramas de las matemáticas, la estadística es quizá una de las herramientas con las que menos se debería jugar, particularmente cuando sus resultados están al servicio del Estado. Detrás de cada indicador existen decisiones que afectan la vida de millones de personas: empleo, pobreza, inflación, crecimiento económico, educación, salud y condiciones de vida.
Por eso resulta preocupante cualquier señal que pueda poner en duda la independencia, la rigurosidad técnica o la credibilidad de una entidad como el DANE. Ojalá el tiempo no termine dándonos la razón frente a una salida que, aunque el hoy exdirector del DANE, Ricardo Valencia Ramírez, no haya declarado expresamente en sus entrevistas, pueda ser interpretada como un riesgo para la independencia de la entidad.
El significado de la falta de rigor matemático
Quitarle rigor al análisis de los datos o someter las estadísticas oficiales a intereses políticos o narrativos tendría consecuencias que podrían extenderse durante los próximos años de gobierno. La estadística oficial no puede convertirse en una herramienta para confirmar relatos previamente construidos.
Colombia debe aprender de experiencias internacionales en las que la pérdida de credibilidad de las estadísticas oficiales terminó teniendo graves consecuencias institucionales y económicas, como ocurrió en distintos momentos en Grecia y Argentina.
La pregunta, entonces, no es menor: ¿queremos un país que conozca su realidad a través de datos rigurosos y verificables, o uno en el que las cifras terminen acomodándose a la narrativa de turno?
Las estadísticas dejan de describir la realidad para comenzar a construir una realidad conveniente, el problema ya no es solamente matemático: es institucional, político y social.
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