Cinco años después de aquella noche del 5 de mayo de 2021, el caso de Lucas Villa sigue sin cerrar. Las investigaciones de la Fiscalía, sumadas a trabajos periodísticos independientes (como los realizados por Bellingcat, Forensic Architecture, Cerosetenta y Baudó), han reconstruido un panorama que apunta a un asesinato selectivo y premeditado.
Según los hallazgos, el ataque no fue un acto aislado de violencia en medio del caos. Hombres armados llegaron en motocicleta al viaducto César Gaviria Trujillo, donde Lucas animaba el plantón pacífico. Los disparos —al menos ocho— fueron dirigidos con precisión. Uno de los impactos, a muy corta distancia y al estilo de una ejecución, resultó fatal.
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El móvil: el bloqueo que afectó intereses criminales
La hipótesis más sólida de la Fiscalía señala a la banda criminal La Cordillera, una de las estructuras de narcotráfico y sicariato más poderosas del Eje Cafetero. Los bloqueos en el viaducto —una ruta clave para el movimiento de estupefacientes hacia el barrio San Judas en Dosquebradas— estaban generando pérdidas millonarias diarias a la organización.
Lucas, por su visibilidad y liderazgo natural en las protestas, se convirtió en objetivo. No era un manifestante cualquiera: era uno de los rostros más reconocidos y enérgicos del paro en Pereira.
Los señalados: ¿hasta donde va la investigación?
La Fiscalía ha vinculado a varios integrantes de La Cordillera. Entre los más destacados: Jonatan Stiven Mejía Hurtado, alias “Truhán” y su hermano John Alexander Mejía Hurtado, alias “Carevieja”, señalados como articuladores del crimen. Ambos fueron acusados formalmente por homicidio agravado, tentativa de homicidio, concierto para delinquir y porte ilegal de armas.
Sin embargo, el proceso judicial ha estado marcado por avances y retrocesos. En algunos momentos se reportaron absoluciones por falta de pruebas suficientes, lo que ha generado frustración en la familia y en organizaciones de derechos humanos.
Omisiones y preguntas sin responder
Investigaciones independientes también han señalado posibles omisiones de la fuerza pública. La Policía estaba cerca del lugar de los hechos, pero no intervino de manera inmediata. Esto habría permitido la huida de los sicarios y la pérdida de evidencia clave.
Además, cuestionamientos a la Alcaldía de Pereira han surgido por señalamientos sin pruebas contra Lucas y por posibles intentos de deslegitimar las protestas.
Sidssy y la memoria viva
Hoy, su hermana Sidssy Uribe Vásquez continúa la lucha por justicia. En sus redes y en actos conmemorativos repite la frase que Lucas gritaba en las marchas: «Al ignorante, al terco, al dormido: ¡Despierte!»
Para ella y para miles de colombianos, Lucas no es solo una víctima más. Es el recordatorio de que la protesta pacífica no puede costar la vida.
Un caso que trasciende a Pereira
El asesinato de Lucas Villa se convirtió en emblema nacional del Paro de 2021. Su imagen bailando entre banderas y consignas sigue siendo usada en marchas, murales y documentales. Su muerte no solo expuso la violencia contra manifestantes, sino también la impunidad que aún rodea a muchos casos del estallido social.
Mientras el proceso judicial avanza con lentitud, la pregunta sigue latente: ¿hasta cuándo la justicia colombiana le dará respuestas reales a la familia de Lucas Villa y al país entero?
En la próxima entrega de este caso, hablaremos de los políticos presuntamente implicados en el caso. Aquellos que gozan de la libertad por una investigación que avanza lentamente, donde la Fiscalía no entrega mayores detalles a la opinión pública. Una historia que debe ser conocida, porque representa la lucha de los estudiantes de este país que se manifiestan por garantizar una mejor educación y que no se violen los derechos de los ciudadanos.
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