Con el SEIP, Colombia se convierte en el primer país de Latinoamérica en reconocer oficialmente los sistemas educativos indígenas propios
Colombia acaba de dar un paso sin precedentes en América Latina: reconocer oficialmente los Sistemas Educativos Indígenas Propios (SEIP) como parte fundamental de la política pública nacional. Esta apuesta del Gobierno del Cambio no solo amplía el derecho a la educación, sino que lo redefine desde la diversidad cultural, validando las formas de enseñar y aprender de los 115 pueblos originarios del país.
El Decreto 481 de 2025 se convierte así en un referente histórico al consolidar décadas de resistencia, luchas y construcción pedagógica alternativa de las comunidades indígenas, quienes han defendido la educación como un proceso ligado a la lengua, la cosmovisión y el territorio.
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Más que educación: autonomía y memoria
El SEIP no se limita a abrir aulas. Su alcance es político, cultural y comunitario. Por un lado, fortalece las estructuras organizativas de los pueblos indígenas, reconociendo a las autoridades tradicionales como orientadoras de la educación y como actores clave en la defensa de la autonomía. En lo pedagógico, impulsa la revitalización de lenguas originarias, la producción de materiales propios y la transmisión de saberes ancestrales, en un contexto en el que la investigación y la creación de conocimiento se hacen desde la comunidad para la comunidad.
En lo administrativo, el modelo plantea una planeación con enfoque de “buen vivir comunitario”, donde los costos y metodologías están pensados para responder a la vida en los territorios, más allá de los parámetros homogéneos de la educación convencional.
“La educación propia es nuestra forma de enseñar desde la sabiduría ancestral y hoy tiene respaldo nacional e internacional”, afirmó Rover Charfuelan, coordinador administrativo del Programa de Educación Bilingüe Intercultural (PEBI-CRIC), subrayando el valor político de este reconocimiento.
Juegos ancestrales: educación que siembra paz
La materialización de esta apuesta ya se refleja en escenarios concretos. Los Juegos Ancestrales e Interculturales, que reunieron a más de 1.500 niñas, niños y jóvenes de 90 equipos, mostraron cómo el deporte tradicional —desde el zumbambico hasta el trompo de fuete— se convierte en herramienta de identidad y paz.
“Todos estos niños que participaron son semillas de vida que le quitamos a la guerra”, aseguró Mauricio Benítez del PEBI-CRIC, destacando que la educación propia no es solo formación académica, sino también un camino hacia la reconciliación y la convivencia.
El respaldo político y la construcción de futuro
El reconocimiento del SEIP también tiene una dimensión de política pública nacional. El Consejero Mayor del CRIC, Miller Hernando Jiménez, agradeció al presidente Gustavo Petro “por incluir en sus líneas de acción el fortalecimiento de la educación y por entendernos en el marco de la diferencia, apostándole a nuestras formas de pensar, sentir y actuar”.
Con este convenio, el Gobierno Nacional y el CRIC sientan las bases de una política educativa diferenciada que garantiza que las próximas generaciones puedan aprender desde su identidad, espiritualidad y territorio.
Este reconocimiento no es solo un logro indígena: es un paso hacia una Colombia más diversa, más plural y más consciente de que el futuro educativo debe construirse desde todas las voces y cosmovisiones que habitan el país.
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