España vuelve a ser campeona del mundo. La Roja levantó por segunda vez en su historia la Copa del Mundo después de superar a Argentina en una final de máxima exigencia, confirmando que su éxito no fue producto de la casualidad, sino el resultado de una idea futbolística que mantuvo hasta las últimas consecuencias.
En un deporte acostumbrado a dividirlo todo entre ganadores y perdedores, el triunfo español dejó poco espacio para la discusión. La selección dirigida por Luis de la Fuente encontró en su estilo su principal argumento y terminó coronando un torneo en el que fue creciendo partido tras partido hasta convertirse en el equipo dominante.
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Una España fiel a su manera de entender el fútbol
El gran mérito de la campeona estuvo en no abandonar sus principios. España apostó por la circulación de la pelota, la presión, la movilidad y el control de los tiempos del partido.
Su recorrido comenzó con un empate ante Cabo Verde, resultado que inicialmente pudo generar dudas, pero que terminó quedando como una anécdota dentro de una campaña extraordinaria. A partir de ese momento, la selección española encadenó siete victorias consecutivas y cerró el campeonato superando a algunos de los principales candidatos al título.
La Roja dejó en el camino a Portugal, liderada por Cristiano Ronaldo; a Francia, con Kylian Mbappé como una de sus grandes figuras; y finalmente a Argentina, vigente campeona del mundo. El recorrido convirtió a España en una campeona con argumentos sólidos y una identidad reconocible.
La final comenzó a inclinarse del lado español
Argentina llegó a la definición después de una exigente campaña que comenzó a pasar factura. El desgaste físico se hizo evidente con las lesiones de Lisandro Martínez y Cristian ‘Cuti’ Romero, dos bajas que terminaron afectando el funcionamiento del equipo dirigido por Lionel Scaloni.
En el segundo tiempo, la diferencia entre ambas propuestas se hizo más evidente. España controló cada vez más la posesión y obligó a Argentina a correr detrás de la pelota.
Scaloni intentó modificar el funcionamiento de su mediocampo para recuperar protagonismo, pero el duelo táctico favoreció a De la Fuente. El entrenador español leyó mejor los momentos del encuentro y sus movimientos desde el banquillo terminaron teniendo un peso determinante.
El ‘Dibu’ Martínez mantuvo viva a Argentina
Si España fue superior desde el juego colectivo, Argentina encontró en Emiliano ‘Dibu’ Martínez a su gran figura.
El arquero argentino respondió ante los intentos de Dani Olmo y Álex Baena, además de protagonizar intervenciones decisivas frente a los futbolistas que ingresaron desde el banco de suplentes.
Ferrán Torres, Pedri y Nico Williams también tuvieron oportunidades de ampliar la ventaja, mientras que Pau Cubarsí estuvo cerca de marcar con un remate que encontró nuevamente la respuesta del guardameta argentino.
La actuación de Martínez fue fundamental para mantener a la Albiceleste con posibilidades hasta los últimos minutos.
España controló el partido y Argentina sufrió para generar peligro
Uno de los datos más llamativos de la final fue la poca participación de Unai Simón.
El arquero español prácticamente no tuvo que intervenir de manera decisiva durante el encuentro. Argentina había llegado a la final como una de las selecciones más efectivas del torneo y había conseguido marcar al menos dos goles en cada una de sus presentaciones.
Sin embargo, ante España encontró enormes dificultades para generar ocasiones claras.
La estadística terminó reflejando la fortaleza defensiva del campeón. La Roja no solo consiguió imponer su fútbol con la pelota, sino que también mostró una enorme capacidad para recuperarla y evitar que su rival pudiera desarrollar su juego.
El gol de Ferrán Torres decidió la Copa
Con el partido encaminado hacia una definición dramática, España mantuvo su presión durante el tiempo extra.
Argentina resistía con un equipo exhausto y con varios futbolistas afectados físicamente. La selección campeona de 2022 se defendía con orgullo, pero cada vez tenía menos recursos para contener el dominio español.
La jugada definitiva llegó en el último tramo del tiempo extra. Nico Williams recuperó una pelota cerca de la línea final y consiguió ponerla en el área. El balón terminó encontrando a Ferrán Torres, quien apareció en una posición privilegiada para enviar el remate al fondo de la portería.
El gol desató la celebración española y dejó a Argentina contra las cuerdas.
La Albiceleste buscó el empate hasta el último segundo
A pesar de la desventaja y de jugar con diez hombres tras la expulsión de Enzo Fernández, Argentina no renunció a la posibilidad de igualar la final.
El equipo de Scaloni apeló al carácter que lo había llevado hasta la definición y tuvo algunas aproximaciones en los minutos finales. España, sin embargo, logró resistir. La selección que había dominado gran parte del encuentro terminó sufriendo en el cierre, pero consiguió conservar la ventaja y asegurar el título.
La Albiceleste tuvo una última oportunidad para rescatar el partido, pero la falta de claridad en los metros finales terminó condenando al conjunto sudamericano.
Una campeona construida desde el colectivo
El título de España también representa el triunfo de una idea que prioriza el funcionamiento colectivo por encima de las grandes individualidades.
La Roja no necesitó depender exclusivamente de una superestrella para conquistar el campeonato. Su fortaleza estuvo en una plantilla equilibrada, con futbolistas capaces de cumplir diferentes funciones y adaptarse a las exigencias de cada partido.
De la Fuente consiguió construir un equipo reconocible, capaz de dominar desde la posesión y competir desde la intensidad.
España terminó imponiendo su fútbol ante los mejores y confirmó que una selección puede alcanzar la gloria cuando mantiene una identidad clara incluso en los momentos más difíciles.
Lamine Yamal y una pregunta que apenas comienza
En medio de la celebración aparece también una pregunta inevitable: ¿Qué lugar ocupará Lamine Yamal en la historia del fútbol? El joven español se convirtió en campeón del mundo con apenas 19 años, una hazaña que inevitablemente genera comparaciones con otras grandes figuras que también conquistaron el Mundial siendo muy jóvenes.
Sin embargo, el verdadero desafío comienza ahora. Ganar una Copa del Mundo puede marcar una carrera, pero convertirse en una leyenda requiere mucho más. La grandeza se construye con años de regularidad, títulos, actuaciones memorables y una capacidad constante para mantenerse en la élite.
Yamal ya tiene un capítulo reservado en la historia de esta España campeona. El tiempo dirá si su nombre termina ocupando un lugar entre los grandes del fútbol mundial.
España, una campeona que ganó jugando a su manera
La segunda estrella mundial de España llega como consecuencia de un torneo en el que la selección mantuvo una idea clara de principio a fin. La Roja fue superior a sus rivales, dominó los partidos importantes y encontró en su estilo la herramienta para alcanzar la gloria.
Argentina cayó con la dignidad de un campeón que nunca dejó de luchar. España, en cambio, terminó levantando la Copa porque fue el equipo que mejor interpretó la final y, en términos generales, uno de los que mejor jugó durante todo el campeonato.
En el fútbol, donde muchas veces el resultado termina ocultando el camino, España consiguió las dos cosas: jugar bien y ganar. Y así, en Norteamérica, una nueva generación de futbolistas españoles volvió a escribir una página dorada para el fútbol de su país.



