La Amazonía guarda una historia mucho más compleja de lo que durante décadas se creyó. Bajo la vegetación de la selva, investigadores han identificado cientos de estructuras geométricas monumentales construidas por antiguas comunidades indígenas, evidencia que está transformando la comprensión sobre la ocupación humana de este territorio.
Un estudio publicado en julio en la revista científica Nature documentó 432 geoglifos en una extensión de 4.400 kilómetros cuadrados entre los estados brasileños de Amazonas y Acre. De ese total, 396 estructuras no habían sido registradas anteriormente.
Los hallazgos están asociados con la denominada civilización Aquiry, cuyos geoglifos fueron construidos entre el año 600 antes de Cristo y el 850 después de Cristo. A partir de las investigaciones y de imágenes satelitales, los científicos estiman que el territorio ocupado por estas comunidades pudo alcanzar los 183.000 kilómetros cuadrados.
Una de las estimaciones más sorprendentes plantea que, entre los años 100 y 300 después de Cristo, la región pudo albergar hasta tres millones de personas.
Tecnología LiDAR: mirar bajo el bosque sin talarlo
Para identificar las estructuras, los investigadores utilizaron tecnología LiDAR, un sistema de detección y medición de distancias mediante pulsos láser que permite construir mapas tridimensionales del terreno.
Esta herramienta resulta especialmente útil en la Amazonía, donde la densa vegetación dificulta observar las huellas arqueológicas desde el suelo o mediante fotografías convencionales.
El arqueólogo y antropólogo Martti Pärssinen, de la Universidad de Helsinki, destacó que se trató de una evaluación de gran alcance con esta tecnología en la región amazónica.
Los geoglifos identificados son principalmente zanjas excavadas en la tierra. Algunas alcanzan hasta 15 metros de ancho y cinco metros de profundidad, dimensiones que evidencian la capacidad de organización y el conocimiento técnico de las comunidades que las construyeron.
El paleontólogo Alceu Ranzi, presidente del Instituto de Geoglifos de la Amazonía y uno de los autores del estudio, comparó estos conocimientos con los desarrollos matemáticos de la antigua Grecia: la geometría monumental amazónica coexistía en el tiempo con la época en que Pitágoras desarrollaba sus aportes matemáticos.
Monumentos construidos con trabajo colectivo y conocimientos geométricos
La ausencia de grandes formaciones rocosas en la región plantea preguntas sobre los métodos utilizados para levantar estas estructuras.
Ranzi considera que los antiguos habitantes pudieron emplear madera y canastas para transportar la tierra. Sin embargo, reconoce que no existen certezas sobre los procedimientos exactos, debido a que los materiales orgánicos se descomponen con facilidad en las condiciones de humedad de la selva.
Los investigadores sostienen que la construcción de estos monumentos requirió una importante fuerza de trabajo, división de tareas y conocimientos de matemáticas y geometría.
El arqueólogo Rhuan Carlos Lopes, de la Universidad Federal de Pará, considera que las comunidades amazónicas contaban con las condiciones tecnológicas necesarias para desarrollar construcciones de esa magnitud.

¿Eran fortalezas o espacios ceremoniales?
Al comienzo de las investigaciones se contempló la posibilidad de que los geoglifos fueran fortalezas o estructuras defensivas. No obstante, las interpretaciones actuales apuntan a que pudieron cumplir principalmente funciones ceremoniales, políticas, culturales y religiosas.
Según Martti Pärssinen, estas estructuras no necesariamente eran lugares de residencia permanente. Los espacios habrían servido para recibir visitantes, celebrar reuniones, tomar decisiones colectivas, organizar ceremonias, practicar actividades deportivas y realizar fiestas con música y danzas.
Las excavaciones también indican que los geoglifos recibían mantenimiento. No eran construcciones abandonadas después de su levantamiento: las comunidades se encargaban de conservarlas a lo largo del tiempo.
Otro descubrimiento relevante fue la identificación de aproximadamente 350 kilómetros de caminos que conectaban diferentes estructuras. Para Ranzi, estas vías demuestran que los monumentos no estaban aislados, sino que formaban parte de una red territorial organizada.
El abandono de las construcciones sigue siendo un misterio
Los investigadores identificaron que la construcción de nuevos geoglifos se detuvo alrededor del año 850 después de Cristo. Las razones todavía no están claras.
Ranzi plantea una posible comparación con los cambios que ocurrieron en algunas ciudades mayas durante un periodo similar. Aunque, reconoce que se trata de una hipótesis y que aún no existe una explicación definitiva sobre lo sucedido en la Amazonía.
El investigador también destaca que las comunidades antiguas no transformaron grandes extensiones de selva en sabanas. Según las interpretaciones del estudio, las áreas despejadas habrían sido suficientes para desarrollar actividades de subsistencia y cultivar productos como maíz, calabaza y yuca.
La Amazonía también fue habitada lejos de los grandes ríos
Uno de los aportes más importantes de esta investigación es que cuestiona la idea de que las grandes poblaciones amazónicas se asentaron exclusivamente en las riberas de los principales ríos.

Los geoglifos se encuentran en territorios conocidos como tierra firme, alejados de los grandes cursos de agua. Esto demuestra que el interior de la selva también fue escenario de asentamientos, desplazamientos y actividades agrícolas organizadas.
Las comunidades desarrollaron caminos terrestres y cultivaron alimentos como yuca, fríjoles, calabaza y maíz. Lo cual permitió revelar un conocimiento profundo del territorio y de sus condiciones ambientales.
Las investigaciones arqueológicas de las últimas décadas también han llevado a revisar las estimaciones sobre la población amazónica antes de la colonización europea. Las cifras que inicialmente se situaban entre uno y 2,5 millones de habitantes para toda la región aumentaron posteriormente a estimaciones de entre cinco y diez millones.
Los nuevos hallazgos podrían contribuir a ampliar todavía más la comprensión sobre la dimensión de aquellas sociedades.
Para Rhuan Carlos Lopes, la Amazonía que conocemos hoy no puede entenderse únicamente como un bosque natural sin intervención humana. El investigador plantea que su paisaje también es resultado de una larga relación entre las comunidades ancestrales y el entorno.
La tecnología LiDAR y las nuevas excavaciones continúan abriendo una ventana hacia ese pasado. Cada estructura identificada permite reconstruir una parte de la historia de pueblos que desarrollaron conocimientos arquitectónicos, matemáticos, agrícolas y territoriales en uno de los ecosistemas más importantes del planeta.
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