La planta, proyectada en Las Palmas y valorada en unos 65 millones de euros, buscaba producir alrededor de 3.000 toneladas anuales de carne de pulpo. Sin embargo, el proyecto enfrentó durante años cuestionamientos ambientales, oposición de organizaciones defensoras de los animales y una disputa con la Autoridad Portuaria de Las Palmas.
Finalmente, la empresa anunció a finales de julio que abandonaba los planes en esa ubicación. Aunque dejó abierta la posibilidad de desarrollar la iniciativa en otro lugar.
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Una batalla que duró cinco años
Desde que Nueva Pescanova presentó públicamente sus planes en 2021, la posibilidad de criar pulpos de manera industrial generó una reacción internacional.
El proyecto contemplaba la producción masiva de estos cefalópodos en instalaciones controladas, con el argumento de desarrollar una alternativa acuícola frente a la presión que enfrenta la pesca de especies silvestres.
Sin embargo, para activistas y expertos en bienestar animal, la propuesta planteaba una pregunta fundamental: ¿es éticamente aceptable criar de manera intensiva a animales considerados altamente inteligentes y capaces de experimentar dolor y angustia?
La empresa sostuvo que la cancelación del proyecto en Gran Canaria obedecía a razones empresariales y normativas relacionadas con esa ubicación. Para las organizaciones que se opusieron a la iniciativa, en cambio, la decisión fue celebrada como una victoria que podría tener repercusiones más allá de España.
Criar animales solitarios en cautiverio
Una de las principales críticas al proyecto estaba relacionada con las propias características de los pulpos. Estos animales son generalmente descritos como criaturas solitarias, con comportamientos complejos y una notable capacidad para interactuar con su entorno.
Los opositores de la granja cuestionaban que un sistema de producción masiva pudiera mantener a grandes cantidades de ejemplares en estanques compartidos sin generar estrés, agresividad o incluso episodios de canibalismo.
La discusión también alcanzó el método previsto para el sacrificio de los animales y las condiciones de iluminación y confinamiento contempladas dentro del proyecto.
Para investigadores y defensores del bienestar animal, el problema iba más allá de producir un nuevo alimento: implicaba convertir a una especie con capacidades cognitivas complejas en un modelo de producción industrial.
La inteligencia de los pulpos cambió la conversación
El debate internacional coincidió con un momento en el que la percepción pública sobre los pulpos comenzaba a cambiar.
El documental Mi maestro el pulpo (My Octopus Teacher), convertido en un éxito mundial y ganador de un premio Óscar, acercó a millones de espectadores a la complejidad del comportamiento de estos animales.
La producción audiovisual no fue la única razón de la oposición a las granjas, pero sí contribuyó a ampliar el debate sobre la inteligencia, sensibilidad y capacidad de sufrimiento de los cefalópodos. Cada vez más investigaciones y marcos normativos han incorporado a estos animales dentro de las discusiones sobre sintiencia y bienestar.
En el Reino Unido, por ejemplo, los cefalópodos fueron incluidos en el debate legislativo sobre la capacidad de los animales para experimentar sensaciones y estados subjetivos.
Estados de EE. UU. comenzaron a prohibir la cría de pulpos
Mientras el proyecto de Nueva Pescanova avanzaba en España, varios territorios comenzaron a tomar medidas preventivas contra la expansión de este tipo de instalaciones.
Washington fue uno de los primeros estados estadounidenses en aprobar una prohibición relacionada con la cría comercial de pulpos. Posteriormente, California avanzó en una legislación similar.
El debate también llegó a otros territorios y países, con iniciativas legislativas y propuestas para restringir o prohibir la acuicultura de cefalópodos. México, Chile y España aparecen entre los países donde la discusión ha llegado al escenario político.
Esta corriente internacional podría convertirse en uno de los mayores obstáculos para quienes pretendan desarrollar nuevas granjas comerciales de pulpos.
¿Acuicultura para proteger los océanos?
Nueva Pescanova defendió su proyecto argumentando que la acuicultura podría contribuir a reducir la presión sobre las poblaciones silvestres. La pesca mundial de pulpo mueve un importante mercado internacional y la demanda del producto continúa siendo significativa en diferentes regiones.
Desde esta perspectiva, la producción controlada podría presentarse como una alternativa frente a prácticas de pesca que, en algunos casos, generan impactos negativos sobre los ecosistemas marinos.
Sin embargo, los críticos advierten que trasladar la producción desde el océano hacia instalaciones industriales no resuelve automáticamente el problema. La sostenibilidad de una granja dependería también de factores como la alimentación de los animales, el consumo de recursos, el manejo de residuos y las condiciones de bienestar.
Por otro lado, algunos estudios han señalado que determinadas formas de pesca artesanal de pulpo pueden desarrollarse de manera sostenible, mientras que la sobreexplotación y ciertos métodos de captura representan mayores riesgos para las poblaciones silvestres.
Una victoria, pero no el final de la discusión
La cancelación de la granja proyectada en Las Palmas no significa necesariamente que la idea de criar pulpos a gran escala haya desaparecido.
La propia Nueva Pescanova dejó abierta la posibilidad de buscar una nueva ubicación para desarrollar el proyecto.
Esa posibilidad mantiene alerta a organizaciones y activistas que consideran que la suspensión de la planta debe convertirse en el inicio de un debate global sobre los límites éticos de la producción animal.
La discusión ya no se concentra únicamente en España. La pregunta que ahora comienza a ganar espacio en gobiernos, universidades y parlamentos es si la humanidad debe seguir buscando nuevas especies para incorporarlas a la producción industrial de alimentos o si, por el contrario, existen límites que deben establecerse cuando se trata de animales con demostradas capacidades de aprendizaje, sensibilidad y comportamiento complejo.
La caída del proyecto de Nueva Pescanova en Gran Canaria representa, para sus opositores, mucho más que la cancelación de una fábrica. Es una señal de que el modelo de producción de alimentos también está entrando en un debate cada vez más profundo: no solo importa cuánto podemos producir, sino qué estamos dispuestos a hacer para producirlo.
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