Bogotá da un nuevo paso en la transformación de su transporte público con la incorporación de 50 buses articulados eléctricos de tecnología dual, una flota diseñada para circular tanto por la infraestructura troncal de TransMilenio como por vías de tráfico mixto.
La llegada de estos vehículos marca un avance dentro de la estrategia de renovación del Sistema Integrado de Transporte Público y hace parte de una meta más amplia: incorporar 900 nuevos buses eléctricos en Bogotá entre 2026 y 2029.
Una flota que podrá salir de las troncales
La principal diferencia de estos nuevos vehículos está en su capacidad de adaptarse a distintos tipos de infraestructura. Los buses cuentan con puertas en ambos costados, lo que les permitirá detenerse tanto en las estaciones y plataformas del sistema troncal como en paraderos ubicados en vías convencionales.
Esta característica busca darle mayor flexibilidad a la operación de TransMilenio, especialmente mientras avanzan proyectos de infraestructura y se desarrollan nuevas conexiones para sectores de la ciudad.
Cada articulado cuenta con dos secciones y tiene capacidad para movilizar hasta 160 pasajeros. El alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, destacó que la incorporación de estos vehículos representa la llegada de los primeros articulados eléctricos del país y una nueva alternativa para fortalecer la movilidad urbana.
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Bogotá avanza hacia una flota más limpia
Los 50 vehículos eléctricos se suman a la apuesta de Bogotá por reducir las emisiones contaminantes generadas por el transporte público. La meta de renovación contempla un total de 900 nuevos buses eléctricos, distribuidos entre la reposición de vehículos de fases anteriores y la expansión de la infraestructura troncal.
De ese total, 631 buses eléctricos estarán destinados a reemplazar parte de la flota de la Fase III, mientras que otros 269 articulados eléctricos estarán vinculados a la futura operación de nuevos corredores, incluida la extensión hacia Soacha.
Con la entrada en funcionamiento de los 900 vehículos, el Distrito estima una reducción anual cercana a 57.478 toneladas de CO₂, un impacto equivalente, según las proyecciones oficiales, a retirar de circulación más de 35.000 vehículos particulares.
Accesibilidad para diferentes tipos de usuarios
La nueva flota también incorpora elementos dirigidos a mejorar la accesibilidad dentro del sistema. Entre sus características se encuentran espacios para personas que utilizan silla de ruedas, coches de bebé y perros de asistencia. Además, contará con sillas preferenciales y espacios adaptados para diferentes necesidades de los pasajeros.
Los vehículos dispondrán igualmente de un sistema de elevación para facilitar el ingreso de personas con movilidad reducida y comunicación directa con el conductor.
La apuesta busca responder a una de las principales exigencias de los usuarios: que la modernización del transporte no solo esté relacionada con el tipo de energía utilizada, sino también con la posibilidad de ofrecer un servicio más incluyente.
Cámaras, wifi y monitoreo en tiempo real
Los nuevos articulados eléctricos llegarán equipados con tecnología para mejorar la seguridad y el seguimiento de su operación. Entre los sistemas incorporados se encuentran cámaras de videovigilancia internas y externas, monitoreo de puntos ciegos, telemetría y espejos digitales.
Los pasajeros también podrán contar con wifi gratuito, puertos USB, pantallas informativas y sistemas de audio.
Desde el Centro de Control será posible realizar seguimiento al funcionamiento de los vehículos en tiempo real, mientras que las herramientas de asistencia buscan mejorar la visibilidad y seguridad durante la conducción.
Parte de la flota fue ensamblada en Colombia
La llegada de los buses eléctricos también tiene un componente de producción nacional. De los 50 nuevos vehículos, 25 fueron ensamblados en Pereira y los otros 25 en Cota, lo que vincula a la industria colombiana dentro del proceso de renovación tecnológica del transporte público de la capital.
Con esta nueva incorporación, Bogotá continúa ampliando su flota eléctrica y preparando la infraestructura para un sistema que deberá responder a una ciudad en expansión.
El reto, sin embargo, no será únicamente sumar más vehículos eléctricos. La verdadera prueba estará en garantizar que la modernización se traduzca en mejores tiempos de viaje, mayor cobertura, seguridad, accesibilidad y una operación eficiente para millones de usuarios que diariamente dependen del transporte público.
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